Elogio de la lucha
Oponte siempre a lo comúnmente impuesto.
Haz de la prudencia tu arma protectora, y de la razón, tu arma punzante.
Rechaza el cuerpo desde la idea, para dominar al cuerpo.
Tritura las pasiones, ordénalas en un árbol geométrico
Que te ayude a vivir, apasionadamente.
Defiende a los que buscaron a Dios allende los mares, y amarraron la esfera inabarcable
Pero no busques nunca a Dios o a los fantasmas.
Resístete a la depredación del verdadero sacerdote: el confesor de escritorio.
Nunca traiciones el arte heleno de destejer en la noche lo que se tejió durante el día
Pues si no hallas verdades, que al menos no se teja sobre ti la tela de la mentira.
No te opongas a las corrientes del mar y del tiempo, pero no te disuelvas en la sal y en los segundos.
Mantén siempre la dignidad, mantén la lucidez.
No abandones la confrontación con el filtro de la razón. No te abandones jamás.
No se puede luchar contra los dioses del mundo, pero sí se puede vivir y morir lúcidamente.
No les des la satisfacción de acomodarte a los prejuicios que profesan. Sonríe por fuera, y ríe por dentro.
(Más vale la amarga lucidez que vivir dulcemente engañado).
Que la amargura inevitable no se torne jamás en tristeza,
Y sí en la rabia entusiasta con que un caballero andante emprendía sus polvorientas jornadas.
Que tu faro resista la lluvia.
Que tu faro no sea una dama inventada, y sí la rabia de la idea
Esa rabia que engendra la lucha.
Haz de la prudencia tu arma protectora, y de la razón, tu arma punzante.
Rechaza el cuerpo desde la idea, para dominar al cuerpo.
Tritura las pasiones, ordénalas en un árbol geométrico
Que te ayude a vivir, apasionadamente.
Defiende a los que buscaron a Dios allende los mares, y amarraron la esfera inabarcable
Pero no busques nunca a Dios o a los fantasmas.
Resístete a la depredación del verdadero sacerdote: el confesor de escritorio.
Nunca traiciones el arte heleno de destejer en la noche lo que se tejió durante el día
Pues si no hallas verdades, que al menos no se teja sobre ti la tela de la mentira.
No te opongas a las corrientes del mar y del tiempo, pero no te disuelvas en la sal y en los segundos.
Mantén siempre la dignidad, mantén la lucidez.
No abandones la confrontación con el filtro de la razón. No te abandones jamás.
No se puede luchar contra los dioses del mundo, pero sí se puede vivir y morir lúcidamente.
No les des la satisfacción de acomodarte a los prejuicios que profesan. Sonríe por fuera, y ríe por dentro.
(Más vale la amarga lucidez que vivir dulcemente engañado).
Que la amargura inevitable no se torne jamás en tristeza,
Y sí en la rabia entusiasta con que un caballero andante emprendía sus polvorientas jornadas.
Que tu faro resista la lluvia.
Que tu faro no sea una dama inventada, y sí la rabia de la idea
Esa rabia que engendra la lucha.
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