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Huracán

La tinta de las sentencias se difumina. Sangra El catecismo que me he fraguado, tras noches de vigilia Y años de una guerra no buscada. Las pequeñas cosas que amaba, y eran jirones flotantes en las olas No han desaparecido, pero titilan, ahora, con frialdad en la bóveda. Ha irrumpido, tu cuerpo como un ciclón Esos ojos tuyos, soñados, quizás por los poetas de Persia. Unos ojos que ningún cabalista o inventor de versos Osaría comparar a felinos o esmeraldas. Ojos que brillan en la oscuridad mientras tus labios buscan los míos Y se devanan en un torrente de olas y anclas. Tus ojos, me miran bajo un ceño fruncido por la pasión por la vida Tu sonrisa efímera arroja un leve halo de luz sobre las tinieblas de tu misterio Nuestros cuerpos se buscan y se encuentran y entrelazan Y tú, diosa, hechicera, destruyes ese panfleto idealista Que años de guerra y desengaño escribieron. La tinta de mi evangelio se difumina, sangra Quizá del éxtasis de tu cuello. Quizá de ahí nazca m...

La vuelta a la caverna

Los libros que me miran inmóviles No son tanto posibles compañeros De cama, como frío testimonio De mi intento por matar a los dioses Dioses que carecen de un talón débil Que tensan sus músculos contra el miedo Que vierten su sangre contra el perverso Enemigo creado, sol  usurpador. Dije adiós a los ídolos de barro Y a los fantasmagóricos del cine: Maté a aquella virgen escandinava Y al falso profeta con gabardina Los libros me recuerdan que he intentado Matar al trovador que  invoca a númenes De ira oscuridad noche y miseria Y darles un nicho de negra tinta Los libros, que me acusan de hipócrita Son testigos hoy de mi declinación. Te adoro ante ellos, como un nazareno Adora a una virgen en terca procesión Las manchas de tu carmín, el recuerdo De tus ojos grandes, el olor dulce De vainilla en mis sábanas gastadas Por noches de insomnio matando dioses Noches protegiéndome contra tu fatal llegada. Pues te adiviné en el vacío que precede a tu presen...

Elogio de la lucha

Oponte siempre a lo comúnmente impuesto. Haz de la prudencia tu arma protectora, y de la razón, tu arma punzante. Rechaza el cuerpo desde la idea, para dominar al cuerpo. Tritura las pasiones, ordénalas en un árbol geométrico Que te ayude a vivir, apasionadamente. Defiende a los que buscaron a Dios allende los mares, y amarraron la esfera inabarcable Pero no busques nunca a Dios o a los fantasmas. Resístete a la depredación del  verdadero sacerdote: el confesor de escritorio. Nunca traiciones el arte heleno de destejer en la noche lo que se tejió durante el día Pues si no hallas verdades, que al menos no se teja sobre ti la tela de la mentira. No te opongas a las corrientes del mar y del tiempo, pero no te disuelvas en la sal y en los segundos. Mantén siempre la dignidad, mantén la lucidez. No abandones la confrontación con el filtro de la razón. No te abandones jamás. No se puede luchar contra los dioses del mundo, pero sí se puede vivir y morir lúcidamente. No ...