La vuelta a la caverna

Los libros que me miran inmóviles
No son tanto posibles compañeros
De cama, como frío testimonio
De mi intento por matar a los dioses

Dioses que carecen de un talón débil
Que tensan sus músculos contra el miedo
Que vierten su sangre contra el perverso
Enemigo creado, sol  usurpador.

Dije adiós a los ídolos de barro
Y a los fantasmagóricos del cine:
Maté a aquella virgen escandinava
Y al falso profeta con gabardina

Los libros me recuerdan que he intentado
Matar al trovador que  invoca a númenes
De ira oscuridad noche y miseria
Y darles un nicho de negra tinta

Los libros, que me acusan de hipócrita
Son testigos hoy de mi declinación.
Te adoro ante ellos, como un nazareno
Adora a una virgen en terca procesión

Las manchas de tu carmín, el recuerdo
De tus ojos grandes, el olor dulce
De vainilla en mis sábanas gastadas
Por noches de insomnio matando dioses

Noches protegiéndome contra tu fatal llegada.
Pues te adiviné en el vacío que precede a tu presencia
Hoy vuelvo a la odiada idolatría y
Los estúpidos libros se ríen en el estante.

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